viernes, 12 de septiembre de 2008

Palabras por Encargo





















LA VERTICALIDAD DEL OJO POÉTICO DE BISMAR GALÁN

Una ojeada oblicua a los metapoemas de “Ojos Verticales”

Por Rannel Báez

Epígrafe de un epígrafe de Baudelaire:

Lector vertical y caótico,

si quieres descubrirte los espantapájaros

que gravitan en tus sienes de ruletas bucólicas,

vierte la luz redonda y las letanías oscilantes de estos versos

en tus ojos penitentes, para que armes el rompecabezas

y puedas sobrevivir en este mundo melancólico y orgiástico.

“Alma que vas buscando abrigo/

y sufres mis dolores mismos/

¡Apiádate!... si no te maldigo.”

R.B.-Ch.B.

En este instante einsteniano, por su desgreñe y por su relatividad, asumo el reto crítico de presentar un libro de un poeta del amigo... Ahora mismo, cuando el terrorista se viste de oveja y el terrorificado no tiene lana para defenderse, tengo que asumir esta oftalmológica tarea, más difícil que hablar de poesía en Irak. Ya, cuando la porquería de la globalización, globaliza la porquería, y por más que mires el horizonte siempre te caen sorpresa verticales, ensarto estas palabras unifocales, porque no tienen la intención de articular un análisis metacrítico, sino echar un vistazo monocularmente redondo al libro vertical de Bismar Galán..

Cuando decidí “ojear” el libro, todo cuesta un ojo de la cara... y cualquiera pierde el ojo del juicio. Es cuando la piña se pone agria, sin ni siquiera haber piña... Entonces hablar de un nuevo libro, del nacimiento de un nuevo texto poético, parto o aborto de la locura o de la rabia de un gato seducido o de un escarabajo penitente, de la llegada de una nueva obra al parnaso, es como para rezar a regañadientes, es como para persignarse con los “ojos verticales”.

Este absurdo vivificante plantea tres dilemas:

Primer Dilema:

“lapoesíanosevende...” es la dirección del correo de Livia Díaz, poeta mejicana de la realia omnipoética. Y en un mundo donde se venden picadas de ojos, maldeojos, desp-ojos, ant-ojos, anteojos, pi-ojos, gorg-ojos, c-ojos, hin-ojos, “yo vendo unos ojos negros, quien me los quiere comprar, los vendo por hechiceros, porque me han pagado mal...”, sonr-ojos, ojos de vidrio, rastr-ojos, abr-ojos, man-ojos (fusión de manos y ojos), es como un en-ojo, para los vendedores ojosdelagranputa, que lo único que no se venda sea la poesía.

Andamos con los ojos bizcos de tanto mirar por el rabo del ojo con pestañas egoístas. A cualquiera se le verticalizan los ojos de tanto ver horizontalmente tantos desequilibrios y desajustes.

Afirma el ojo poético de Bismar que,

“En toda raíz hay invertebrados

que succionan el orgasmo vendido

a cambio de un mísero aguijón

que sostiene la esperanza.”

Sólo basta pestañear para ver el ojo poético de Bismar, en estos versos.

Mirar, ver y observar no es lo mismo, me dijo un sabio viejo. Miro a través de la oscuridad humana, veo la luz fosforescente de la luciérnaga que señala el horizonte, observo que tiene ojos libelulares por donde se deslizan lágrimas y versos en un hilo vertical... Entre la fe ciega y la ciega locura está el ojo de la cerradura por donde se mete la poesía. Pero debes despernancar los ojos, para que no te pase como a los tres hermanos de la canción de Silvio Rodríguez, que tiraron los ojos a un solo punto y erraron la visión y el andar. La poesía no tiene puntos cardinales y no es alcanzada por los alpinistas miopes. El ojo enfermo, el ojo mercurial, el ojo legañoso, no pueden ver la poesía.

Advierte Bismar, en uno de sus poemas profundos:

“No voy al Sur ni a la brújula insondable.

La profundidad no conoce los rumbos.

La profundidad se pierde en ella misma

para descubrirse cerca de la imperfección

y el castigo que le pertenecen.

Cada semilla tiene un agujero donde gana

su propia verdad”.

Esta es la “verdad que nos falta”. La verdad sin brújula que lagrimea en el ojo vertical de Bismar. El agujero es la poesía, una salida, un escape, “la profundidad que se pierde en ella misma”.

El ojo vertical profundiza, no ve lo largo ni lo ancho lineal, y como el ojo poético de Juarroz se dirige a la profundidad de todo...

Para Lezama, en su “Imagen y Posibilidad”, el poema es “un espacio resistente entre la progresión de la metáfora y el cubrefuego de la imagen”, el poeta, es “el que toca ese espacio resistente, como posibilidad, y la poesía, son “las esencias expresadas por las eras imaginarias”. El ojo poético de Bizmar Galán toca, penetra y trasvasa, con progresión vertical este “espacio resistente”, con esencias galantemente imaginarias... Nada más los invito a ponerle ojo 20 de imagen y 20 de posibilidad a estos versos resistentes:

“Encarecer el vuelo

de otras gaviotas al borde del mundo

que aguarda por arcabuces de sol

penumbra y semillas.”

“Un hombre es la mezcla perfecta de lo irreal

y lo profundo.”

“Descubrirse es doblar la tuerca

vestir el rompecabezas mezclar luces

en el lienzo que exhibe los tornasoles

que ganó en su definición.”

Te invito a crear, doblando la tuerca poética de Bismar, sin que te sieguen los tornasoles y vistiendo la poesía con rompecabezas y luces.

Segundo Dilema:

Una sociedad civilizada (¿o militarizada?) subsumida y abotargada en la tetrampa de la informática, las telecomunicaciones, la automatización y la biotecnología, está inmunizando la sensibilidad. Casi nadie lee... Sólo un despistado en el tránsito congestionado por el plomo y el hollín, consume poesía. La mejor forma de morirse de hambre o volverse loco. En una encuesta reciente, en República Dominicana, sólo 6, de cada mil, leen... números que dan pena leerlos... y ni a Pitágoras le cuadrarían. Esta apatía, crecientemente onerosa, el analfabetismo funcional, la unilateralidad de los intereses en pugna entre las clases identificadas por el Darwinismo Social y Cultural, la inercia del Sistema (asistémico) Educativo, son la paja en el ojo que nos hace lagrimear sangre sobre la realidad que nos amenaza.

Los que tengan ojos para ver... pónganse cerr-ojos si quieren seguir haciendo poesía sin contaminación.

Veamos lo que ven los ojos de Bismar:

“La luna va perdiendo sus vértices

a la orilla de los ojos.

Los gritos de sus huesos se dilatan

rumbo a un espacio infiel

en que se descifra el mutismo

de otros perros que sospechan

una respiración sobre el mínimo

pozo de escarabajos”

“Es demencia sentir que se juntan

ilusión y utopía en el tronco

de un hombre cuando sus ramas

se desprenden por el mundo

o por el cielo.”

Ya Bécquer dijo que “aunque no haya poetas habrá poesía...” pero, en este mundo metalizado, por el just time del dinero fácil en el mercado de las fruslerías, donde la poesía, muere artificialmente contaminada, el libro y la poesía de Bismar Galán son un calmante contra la cotidianidad del dolor, aunque siga siendo una “demencia sentir que se juntan / ilusión y utopía en el tronco / de un hombre cuando sus ramas / se desprenden por el mundo / o por el cielo,” y tus ojos de perro trasnochado no sigan viendo más allá de tus narices de imitador.

Tercer Dilema:

No repetir lo repetido, pese a que supuestamente “no hay nada nuevo bajo el sol, todo está dicho y hecho”. Es lo que debe auscultar el “ojo vertical” de la poesía. Construir nuevas metáforas; cabalgar nuevas jitanjáforas, sin aperos; ironizar con las “sabandijas de la lengua” de Cela. No es fácil catar poemas nuevos con palabras viejas y fermentadas... inaugurar un nuevo discurso poético. Este es el reto: llamar la poesía, sin miedo, como lo hacía León Felipe. Y esto es lo que ha hecho Bismar Galán... Con sus “Ojos Verticales”, ha sobrevivido a los tres dilemas... Y para ello, ¿qué ha sucedido?, pregunto sin los ojos desorbitados y sin perderme en el laberinto de la interrogación:

“Los gatos ocultan su castidad

en la sombra de la luna.

Lanzan sus gritos de amor

o de dolor sin proferir palabra.

Tú vives –sin saber– la noche eterna.

Ellos se visten de rosas y humedad

en arrebatos de manzanas que liban

con ojos verticales.”

La respuesta subyace aquí, más allá del dolor de las palabras, con que Bismar nos arrincona en su poesía vertical, que tiene que ser vista con ojos metafóricamente resistentes.

Todos los ojos me han servido de testigo para decir, sin galanterías ni compadreos, sin exorcizar las dudas, sin la necesidad de responsar un amén, que Bismar Galán es un poeta cubano, con su cubanismo poético, un poeta del mundo con su mundanismo poético.

Echémosle un vistazo al siguiente fragmento vertical:

“Vamos por otro sol de mariposas

de animal en celo de selva.

Después del borde está el mundo

Es como un queso como la luna

y vamos a escapar de la caverna

después del nuevo ladrido.”

El ojo crítico, el ojo de cíclope, el ojo por ojo..., el ojo clínico, el ojo de contacto, el ojo de la lavaza, el ojo como “ventana del alma” y hasta el ojo del ano... han escrutado estos versos para ver con sus propios ojos la realidad de lo mirado. Como la sabiduría popular dice que “ojos que no ven, corazón que no siente”, yo vi para sentir y asentir... A ojos vista, Bismar Galán, logra introducirnos, como se introduce un gato en una noche de metáforas, con la “Paz de la Palabra” y con sus “Oscilaciones” en mundos claroscuros de realidades reales y realidades imaginarias...

“Las palabras se ríen de las palabras

y buscan su música en otros compases.

Las palabras se prestan y disputan

el espacio

en el Espacio y el Tiempo.”

“Las palabras se dan las manos

y se ciñen sin nombres hasta el sudor

hasta convertirse en lluvia o fuego

y caen o se elevan sin calcular la altura.

La palabra de la mano de la palabra

se quita su antifaz de siempre y se define

en un cuerpo de esbeltez y a veces

de locura.”

Al dejar caer la mirada vertical sobre la poesía de Bismar Galán, los ojos saltan como canicas y comienzas a ojear el mundo con otras ojeras, lo ves con otras sombras y maquillajes, con otras bisuterías y colores, aunque realmente no tenga colores el mundo... Y es que en el mundo poético los colores no son colores y el racismo no cuenta. El color de la palabra metapoética tiene su tinte particular, allí “el ojo que ves no es ojo porque tú lo vea, es ojo porque te ve”, según el ojo musical de Machado.

Estos versos, llenos de ojos de pupilas verticales, ojos de víboras, de lechuzas, de gatos, de penitencias, de cavernas, son para leerlos, sentirlos, poseerlos, engullirlos, sustraerlos, trocarlos, con los ojos bíblicos: con las ventanas del alma.

“Hombre: pedazo del otro

transparente amalgama

de lo indefinido y lo real.

El poeta es un hombre

con las luces

hacia el fondo.”

Y en ese fondo, Bismar seduce los gatos, para que hagan maullar su poesía:

“Me aguanto al aullido de esos gatos

que viran el tiempo desde la escalera.

No cedo espacio en mis confines

aún cuando en esta altura las rocas

han perdido sus vértices y un viento

me ataca desde el siglo que pasó

más sigiloso que el otro gato.”

No importa el color que tengan las ventanas de tus ojos, si ves salir un camaleón por las páginas de un libro, y si ese libro borra la miopía de murciélagos silenciosos que dormían una siesta en tus párpados. El libro de Bismar te hará mirar la paja testaruda de tu ojo y el microbio asustado en el ojo del otro.

“Soy ese animal que habita entre las aguas

sobre las aguas cercado por las aguas

Ahí están ellas unas me ahogan

otras me salvan

El don-de la carne es discernir cuál piedra

es la más dura

hacerse un corazón o una coraza.”

Los “ojos verticales” caen, como las pupilas de un péndulo, en un índice poético que señala el camino real, sorpresivo, resistente, imaginario, metafórico, lezamiano... y no te deja escapar de su visión. Veamos el itinerario vertical de Bismar:

LA PAZ DE LA PALABRA

Ironía de las manos

Cobrar el sentido

Noche de queda

A pesar de la lluvia y del tiempo

Ebrio del salitre

Después del diluvio

Retazos de la demencia

Desojarse el pecho

Tomar la forma

Noche de brujas

La paz de la palabra

Escribidor frente al espejo

Sinonimia del fondo

Fraguar los pasos

Los peces pierden sus nombres

Sujeción a la ingravidez

Presagios de la existencia

Definición del poeta

Tiempo en persistencia

Amantes de la luna

La verdad que nos falta

Aguardar las señales

Utopías del camino

Seducir de otros gatos

Cuestionar el cuerpo

Escape de las sombras

Transparencia

El espacio de mi yo

Inocencia de la luz

Mi propio guerrero

Si yo fuera poeta

Escape de cielo en la mirada

Dimensión de la tarde

La boa sin la tela

Con un cristo al hombro

Convocatoria a disentir

Me interroga mi ciudad

Desde mi casa de siempre

Estocada final

OSCILACIONES

Contraluz

Una foto de la ausencia

Transmutar el silencio

Elegía a una diosa eterna

Mientras pasan los gatos

La voz del silencio

Contraorden

Es permisible el miedo

Penitencia

Del tiempo y otras nostalgias

Ingravidez de los sueños

Oscilaciones

Después del diluvio

Dátiles del soy

Quiero puedo debo

La patria es una manzana

Ordenanza primera

Tal vez la lluvia

Sex-symbol

Blasfemia política

Ojos verticales

Visión de la distancia

Contra-dicción del bosque

Amarillo de las hojas

Toros que salen del pecho

Ya sin luz

La próxima cena

A tanto tiempo de ver in-verso, es ya hora de que cures las vers-ojeras y descubras otras formas de ver con “ojos verticales”.

Hay un ojo mojado, hay un ojo poético en la orilla oscilante del mar... Una ola bismarina, una ola galante metida en el ojo mojado, en el ojo poético, oscilando en la orilla del mar... Un poeta, con luces y rompecabezas, un poeta vertical navega en la ola mojada metida en el ojo que oscila en la orilla poética del mar.. Es un poeta de “ojos verticales” como el gato seducido por su imaginación.

Finalmente, pese a que de manera pecadora te viven rogando el arrepentimiento, y pese al acertijo nupcial del poeta cubano Cintio Vitier, en su adivinanza poéticamente vertical: “lo que le dijo el poema a la poesía: después te vas a arrepentir”, yo no me arrepentiré... ni aún después que cierre mis ojos lagarteados y que, un día de lluvia verticalmente poética, se comerán los gusanos caníbales... Para los que vean y oigan, con o sin ojos ni oídos, estas letras oscilantes, si como dice la Patafísica: “Ciencia de las soluciones imaginarias”, lo único que es literatura es la letra, hago míos y pongo en boca de Bismar Galán estos versos de Paul Verlaine:

“Entonces, es un hecho. Este libro está .

Queridas ideas que rayáis mi cielo gris con vuestras alas de fuego

y cuyo viento acaricia mis sienes obsesas,

¡vosotras podéis volver volando hacia el infinito azul!”